1 abr. 2008

Nocturnámbula

La noche me despertó. Estaba caprichosa y dispuesta a hacer todo lo posible para impedir que descanse ¿Cuál era su motivo? No lo sabía entonces y aunque tengo algunas sospechas, todavía no puedo asegurarlo. Quizás usted que está leyendo pueda descifrarlo, paso a contarle:

Eran las 3:45 cuando el reloj comenzó a subir el volumen de su tictac, en complot con las paredes que acustizaban el sonido para que rebote en mi cabeza. Me negaba a abrir los ojos con la esperanza de poder conciliar el sueño, pero el resonar de los segundos sacudía mis párpados obligándome a hacerlo.

Boca arriba y sin ganas de levantarme, comencé a contemplar la oscuridad en la que me encontraba sumergida. Jugaba a reconocer el ambiente, examinando cada centímetro de la habitación en busca de algún rayo de luz infiltrado que me ayudara a corroborar la profundidad del lugar. Con desgano levanté mi vista en busca del techo. Qué extraño, pensé. Juraría que desapareció. Una fuerte sensación de angustia se apoderó de mí, mis pulsaciones se aceleraron y tuve la necesidad de verificar que todo continuaba en su sitio. Me levanté de un salto y manotee la mesita de luz en busca del velador. Un tictac después y con la perilla en la mano, me di cuenta de la irracionalidad que estaba por hacer. Respiré profundo intentando calmarme, conté hasta diez, contuve la respiración y traté de pensar en otra cosa, pero la sensación continuaba ahí, carcomiéndome la cabeza e insistiendo en que verifique la ubicación del techo.

Finalmente me decidí y empujé mi dedo hacia el ON, tomé aire como si estuviera a punto de sumergirme y levanté la mirada. Con sorpresa, descubrí que el cielorraso se había alejado unos dos o tres metros y que ahora en su lugar original había como una neblina que hacía de mediasombra. Me puse de pie como pude, la verdad la sorpresa fue muy fuerte. Achiqué un poco los ojos para agudizar mi vista y noté que en realidad lo que estaba viendo era el cielo nocturno sobre mi habitación y la neblina eran las nubes que pasaban presurosas.

Por un momento, me sentí como hipnotizada por aquella vista, hasta que de repente fuí interrumpida por el resonante tictac del reloj. Abrí los ojos ¿Abrí los ojos?¿Acaso estaba soñando?