27 mar. 2008

La nada continúa hasta el fin (o ¿Qué estás haciendo? "NADA", parte 2)

Bajo la vista hacia el piso. Las baldosas están rotas, sucias y descoloridas. Les suplico con la mirada que me traguen, pero no parezco ser banquete de su agrado. Levanto la cabeza y vuelvo a la bizarra realidad que estaba enfrentando.

- Bueno, como “ver la nada”, podría decir que si tengo ganas de filosofar la veo. Si es que a eso se refiere usted, pero no estoy muy seguro de tener ganas de jugar este juego.

Terminé la frase y finalmente logré comprender que lo que estaba haciendo esta gente no era tan irracional, ver la nada es una forma de escapar a la realidad que nos rodea, a nuestros momentos de insoportable aburrimiento, al interminable tiempo muerto, a ese reloj que mueve sus agujas una vez hacia adelante y dos hacia atrás. La nada es lo que queremos ver, lo que queremos que sea.

Ahora que se a qué se estaba refiriendo mi siniestro nuevo amigo, abrí la boca para expresárselo y antes que pudiera pronunciar una palabra me cortó con un chistido que resonó en toda la cuadra.

– Veo por su cara que ya logró entendernos, ahora le propongo que se quede con nosotros.
- Gracias, pero ya agoté mi capacidad de sorpresa por hoy. Seguramente nos volveremos a cruzar en otro momento.

Comencé el retorno a casa mientras finalizaba mi última palabra hacia aquel auditorio. La gente parecía estupefacta, pero ni bien me alejé unos pasos, continuó con su rutina como si nada.

26 mar. 2008

Una historia en Times New Roman 10.

La vida es como una moneda, en todo momento estás mirando una sola cara, mientras la otra permanece oculta. Eso solían decirme, que incrédulos. Yo nunca estuve muy de acuerdo con esa creencia, pero bueno, seguía a la manada, inconscientemente quizás lo negaba un poco al principio, pero me conformaba con acatar lo que me decían.

Mi vida entonces transcurría normalmente, hasta llegada mi adolescencia. Fue en ese momento, justo cuando mis hormonas comenzaron a revolucionarse, que mi mente se sublevó y decidió que yo debía salir de la línea de montaje. Y así lo hice, mis ideas comenzaron a tomar fuerza y de a poco esta transformación ideológica comenzó a convertirse en una transformación morfológica.

Al principio sentía vergüenza, pasaba horas frente al espejo intentando fraguar planes para ocultarle al mundo la realidad: estaba mutando. Lo que era aún peor, cada vez que mi mente se esforzaba mutaba más y más, hasta que las formas dejaron de tomar sentido y me convertí en una gran bola de ideas.

Extrañamente y en contra de lo que yo creía, la gente comenzó a sentir admiración hacia mí. Y esa admiración, fue evolucionando acorde a mis sucesivas metamorfosis. Primero era un grupo de come libros aburridos que obviamente no tenían nada mejor que hacer de su vida que contemplarme en mi etapa de pensador. Tengo grabado en lo más profundo de mí aquellos ojos gigantes, brillantes y sorprendidos que me observaban cambiar de forma cada vez que una nueva ocurrencia rondaba por mi cabeza. Recuerdo muy bien que uno de ellos me dijo, es sabido que las ideas pueden llegar a compararse con un parto, pero lo suyo…. Si, buena definición para mi proceso creativo.

A los pocos meses ya era intolerable estar en mi casa, manadas y manadas de personas me visitaban a diario, pedían consejos y hasta algunos traían consigo formulas que no lograban resolver. Venían de todos lados, hasta acampaban en la entrada para no perderse ni un solo instante de mi transformación. Claro, en ese momento no había, gracias a dios, videocámaras para poder registrar lo que sucedía conmigo. Sólo las retinas de los presentes podían atesorar cada forma que mi cuerpo iba tomando.

Recuerdo que una tarde cayó un joven con una novedad llamada Pentax, quería fotografiar cada cambio en mi ser, yo me opuse firmemente, por suerte con el apoyo de todos mis visitantes, pero el siguió viniendo día tras día, intentando vanamente que le diera mi aceptación, hasta que un día, argumentando los motivos por los cuales era fundamental que dejara retratarme, dejó salir de sus labios aquella frase que les narré al principio: “La vida es como una moneda, en todo momento estás mirando una sola cara, mientras la otra permanece oculta.”

Cuánta razón tienes y qué equivocado estás al mismo tiempo, le dije. Pero tengo que reconocer tu esfuerzo y te dejaré fotografiarme. Ten en cuenta que solamente podrás tomar dos fotos y nunca jamás volverás a pedirme que me deje retratar, concluí. Acto seguido me puse a meditar, hasta que el segundo flash iluminó la habitación. Por suerte el rollo se veló, junto con sus ilusiones de alcanzar la fama a mis expensas.

No volví a saber de él durante años. El tiempo me fue transformando más que mis pensamientos. Cada año que pasaba me resultaba más difícil llegar a formar una idea sobre algo, mi mente se encontraba exhausta, ya casi no tenía fuerzas y me sentía solo, porque mi público desapareció aún mas rápido que mis ganas de crear. Ahora no mutaba, sino que me iba marchitando como una pasa de uva. Entonces una tarde, un señor mayor entró a mi habitación, Veo que ha pasado mucho tiempo mirando la misma cara de la moneda, le dije. Y yo veo que usted ha logrado ver el lado que estaba oculto, me contestó. Le sonreí. Finalmente alguien había venido por mí y no por lo que parecía ser.

11 mar. 2008

¿Qué estás haciendo? “NADA”.

Era una tarde soleada, de esas que te hacen sentir feliz cuando salís a la calle, esas que te tiran una brisa suave, que te despegan una sonrisa, en fin, una de esas tardes en las que sabes que algo especial te va a pasar.

Iba yo caminando sin sentido por mi cuadra, esperando que se cumpla el augurio que me llevaría a un cambio drástico y total en mi vida, o por lo menos en mi día, cuando de repente veo que hay un pequeño amontonamiento en la esquina. Fue entonces cuando mi curiosidad agarró el timón y me dirigió hacia aquella zona.

Comencé a acercarme a esa muchedumbre que se encontraba de espaldas, medio agachada, como observando alguna maravilla que yacía contra la ochava. Me acerco más, un poco más, a ver…permiso. No logro ver nada, pensé en voz alta para mí, sin esperar que nadie se entrometiese en mi auto conversación, hasta que una voz chillona me interrumpió. - ¿Cómo que no logra ver nada? Hable con claridad, ¿ve la nada, o no la ve?

Un intento de risa salió sin permiso de mis labios, mientras mi cabeza seguía preguntándose si valía la pena contestar tan absurda pregunta. En ese mismo momento, comencé a sentir que las miradas de la gente amontonada se me venían en banda. Hice una panorámica del lugar para confirmar mis teorías y si, me había convertido en el centro de atención. Vuelve a interrumpirme la voz chillona -¿y? ¿Ve la nada, o no la ve?

Busco desesperadamente una mirada que me confirme la locura de aquel personaje, pero sólo encuentro expectativa a mi alrededor.

– Mire, la verdad lo único que veo es gente observándome, pero no entiendo a que se refiere con su pregunta.

-¿Cómo que no entiende?¿Qué es lo que quiere entender? Le repito, ¿ve la nada, o no la ve?

Ahí me di cuenta que mi vaticinio sobre la tarde especial no se había equivocado. La mirada expectante de mi auditorio hacía que sintiera la necesidad urgente de ser tragado por las baldosas, ¿qué esperaban de mi estas personas, qué se supone que debería estar viendo?

…CONTINUARA