4 sep. 2008

Nudo

La puerta arrojó un agudo chillido al abrirse. Luego, silencio de ultratumba. Los tenues rayos de sol que se filtraban por la grasienta ventana, hacían que la cocinera luciera como una escultura de cera. Ana saltó tan alto como pudo para esquivar los caños de la estantería, una vez del otro lado, debía superar los obstáculos de un piso minado por pedazos de loza blanca.

Mientras hacía esto, su mente no podía dejar de imaginar las posibles situaciones que habrían desencadenado este episodio. Quizás la cocinera se encontró ante la visita sorpresiva de una rata, e intentando acabar con ella, tropezó contra la estantería y se le vino encima. O tal vez, algún tipo de alimento había caído al piso, causándole un resbalón al pisarlo. O peor, capaz algún personaje siniestro había tirado disimuladamente algo al suelo para provocar este accidente. Las opciones parecían interminables.

En puntas de pies y delicadamente, logró llegar a su objetivo y enorme fue la sorpresa al hacerlo, ya que una vez ahí y tras un par de sacudidas para ver si lograba que la dama recuperara el conocimiento, notó que aquel cuerpo que yacía en el piso no pertenecía a Carmen, ni a nadie más. Efectivamente, era un embase de cera armado a la perfección y colocado de manera exacta para lograr una recreación fiel de un hecho inexistente.
Pero… ¿Quién lo había puesto en ese lugar? ¿Para qué fingir el accidente?
CONTINUARA...

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